
No vengas, Navidad,
que es muy temprano todavía,
las madres están temblando
en el sol del mediodía
y los niños en las calles
vagan solos, sin comida
y el campesino, aunque quiera,
no puede deletrearte en las vitrinas.
No vengas, Navidad,
como insulto a la pobreza,
no llenes de caros licores
a los ricos de la empresa,
ni ufanes a sus señoras
con perlas y con diamantes.
No vengas, Navidad,
ten compasión, no vengas.
No queremos combinaciones
de contrastes humillantes
con sedas finas de china
y manta vieja y zurcida,
con pavos de muchas marcas
y sal en una tortilla.
No vengas, Navidad,
danos un tiempo todavía,
recuerda que existen muchos
que sufren con tu venida
sacando de sus pañuelos
monedas envejecidas
para comprarle al mundo
una parte de tu alegría.
Recuerda que somos tantos
sumidos en la miseria
y anhelamos saborearte
con bebidas y con torrejas,
con juguetes y conservas,
para que nuestros hijos sientan
el calor de Nochebuena
en la pólvora sonora
que los ricos siempre queman.
No te muestres, Navidad,
en pléyades de alegres venaditos
portando juguetes, campanillas y trineos
por las residencias de los niños ricos;
tu presencia entre los nuestros
todavía no concibe
que se afame en los estantes luminosos
a un San Nicolás de lanas revestido
y se margine de realezas al glorioso
desnudo Niño Dios con frío.
No vengas, Navidad,
no te entendemos todavía.
Del médico hondureño Alfonso Zúniga Alemán, de su
Antología poética, 1988. Pese a haber escrito más de ciento cincuenta
poesías, algunas hermosas, el autor, por razones personales, no las
publica. La mencionada Antología ha sido editada por el Colegio Médico
de Honduras.
El texto es gentileza del Teatro La Fragua de
Honduras, fundado por el sacerdote jesuita Jack Warner, quien cree que
el arte y la religión brotan de la misma fuente en el ser humano. El
Teatro La Fragua continúa una tradición comenzada por los primeros
jesuitas, cuando en sus colegios acompañaban la catequesis cristiana con
las humanidades y el teatro clásico, para que sus alumnos se hicieran
versados tanto en la fe como en la cultura.
En Centroamérica La Fragua ha iluminado la fe del
pueblo ayudando a volverla más auténtica, al mismo tiempo que revaloriza
y transmite los valores culturales propios. En la ciudad de El Progreso,
Yoro, en un viejo edificio remodelado después de varios años de trabajo
de los propios actores, funciona una sala con todas las áreas y
secciones que requiere un moderno y bien distribuido teatro, centradas
en un espacio escénico que puede acomodar a unos 300 espectadores. Han
presentado obras de carácter religioso, obras clásicas y populares, y
han desarrollado un estilo que un crítico estadounidense ha denominado "neo-medieval".
El Teatro actualmente define su labor en la sociedad
hondureña como despertar la creatividad del pueblo a través del teatro
para encontrar soluciones a los problemas actuales, convirtiendo al
teatro en una alternativa educativa dirigida especialmente a los
sectores más marginados, desposeídos y oprimidos, que exprese al mundo
la riqueza, la belleza, y el poder de los valores culturales hondureños
y centroamericanos, en un momento histórico caracterizado por el
fenómeno de la globalización económica y cultural que margina y excluye
a aquellas culturas consideradas como inferiores.
En la navidad de 1984 Teatro La Fragua comenzó la
puesta en escena de relatos bíblicos con la dramatización sobre el
nacimiento de Jesús. Al año siguiente, para las fiestas de la Semana
Santa, el teatro dramatizó por vez primera en su historia El asesinato
de Jesús. Desde entonces esta versión de la crucifixión de Jesús ha sido
llevada por la compañía teatral por muchas de las aldeas y ciudades de
Honduras, otros países centroamericanos, México e incluso ha debutado
como pieza principal en teatros de Estados Unidos y España.
La obra es una interpretación teatral sobre la pasión
de Jesucristo y uno de los montajes teatrales clásicos. Para el editor
de la Agenda de Reflexión, que tuvo el privilegio de verla en México, no
es exagerado afirmar que se trata de una de las mejores piezas teatrales
que existen sobre la pasión de Cristo, realizando una lectura dramática
muy hondureña de uno de los eventos claves en la identidad cristiana de
esta cultura.
Para el montaje de El Asesinato de Jesús, Teatro La
Fragua acude a las técnicas teatrales usadas por los artistas cristianos
de la Europa Medieval del siglo XII, cuando las iglesias eran
convertidas en teatros populares para evangelizar y difundir el
cristianismo. En su montaje también utiliza la técnica elaborada en
Chicago por Paúl Sills para dramatizar cuentos infantiles como Las mil y
una noches. El estilo visual de la obra se inspira mucho en pinturas
medievales y renacentistas. No se trata de recrear histórica y fielmente
las escenas propias del tiempo de Jesús. Lo que se hace teatralmente es
imitar el método de aquellas pinturas y situar los relatos en una aldea
hondureña de hoy, dando con eso nueva vida al Evangelio. La idea es
enfatizar que lo ocurrido a Jesús no es una simple anécdota o una bella
y muy piadosa reliquia de nuestro pasado cristiano. Para Teatro La
Fragua los sucesos narrados en El Asesinato de Jesús tienen actualidad y
siguen ocurriendo todavía hoy a dos mil años de distancia del Jesús de
la historia. Por eso es una obra teatral que pretende contribuir a la
vivencia y compromiso de los valores humanos y cristianos en cada
preparación a la Semana Santa.